LAS MALVINAS

Ancladas allá en el mar,
en el sur de la Argentina
hay un tesoro muy caro
que se llama "LAS MALVINAS"
en este homenaje sincero.

Son nuestras, nos pertenecen
Aquellos que allá han quedado,
derecho que reclamamos
que ya nunca volverán
a los patrones de turno
a su arrojo y valentía
que un día las usurparon.
este recuerdo inmortal.

Por eso aquel dos de abril
Por los que tanto lucharon,
soñando en recuperarlas
por los que todo lo dieron,
hasta el cielo llego el grito
quede por siempre en el tiempo
del coraje de la raza.

Los hijos de ésta ciudad
con cariño verdadero
han clavado en sus entrañas
un histórico museo.

ESTA ES MI MODESTA ADHESION A LA MAGNIFICA INICIATIVA Y CONCRECION DEL MUSEO DE "Las Malvinas" de Oliva.-

Mansueto Oscar CORDOBA
Oliva; abril de 2003.


Al Capitan Giachino

Cuando el dos de abril volvimos por lo nuestro,
a la tierra cautiva del invasor indigno,
ella fue vendecida por la sangre noble,
de nuestro, ya glorioso, Capitan Giachino.
En valeroso gesto el militar caido,
que honra al infante y asu raza de argentino ,
prefirió mojar el suelo con su sangre heroica,
que agraviar su tierra, con la de su enemigo.
Que sepa el mundo que a pesar de tu apellido,
te criaron criollo por esta corta vida,
esos tus mayores que amaran a la Patria,
que con generosidad inmensa les brindo acogida.
En esta guerra que nunca deseamos,
caerán muchos bravos de apellidos "gringos",
pues madre extranjera que llegó a esta tierra,
dió a luz sólamente, HIJOS ARGENTINOS.
Las Malvinas guardan como un gran tesoro,
esas gotas rojas de sangre bravía,
y donde vos caiste floreció la Patria,
con la celeste y blanca Bandera Argentina.
Hoy tu ejemplo intrépito nos convoca,
a luchar por esta Patria engrandecida.
si no sirve para honrarla y defenderla;
¿para qué otra cosa, puede servir la vida?
Vos fuiste la punta de la lanza enhiesta,
con que la Nación entera atacó a la insidia,
dejando a tu paso una brecha abierta
en la coraza ingleza de burla y mentira.
Capitan: el compromiso que asume contigo,
nuestro brazo armado contra el colonialismo,
no hará desfallecre nuestra voluntad indómita,
pues sabremos ser cada uno, otro Giachino.
Y cuando la hora de la paz estalle,
reconciendo derechos que siempre tuvimos,
desde tu sitial eterno de Héroe de la Patria,
sonreirás orgulloso, CAPITAN GIACHINO.


Luis del Alamo